La mañana avanzaba lenta. El invierno precoz ya se mostraba. El sol, con su luz esmerilada, difusa, apenas calentaba. El campo, amarillo de frío, envolvía la casa. Una casa pequeña, con un patio con flores de un terco color rojo, se destacaba en la ladera de la loma cercana. Afuera, en el patio de balasto y ligustros, la niña jugaba. Sentada en una silla pequeña jugaba. Jugaba con tacitas, platillos y cucharas. Asomada por la ventana, una mujer de treinta y pico de años la miraba, mientras hacía las cosas de la casa. Asomada por la ventana la miraba.